En la producción de festivales existe una regla no escrita: un artista por productor. Dos, si el equipo es muy bueno. Tres al mismo tiempo, en cinco días, con estándar internacional — normalmente no se hace.
En FIA 2026 lo hicimos.
La escala real
Tres artistas. Cinco días. Tres escenarios distintos con configuraciones técnicas distintas. Tres riders internacionales con demandas específicas — sonido, backline, catering, seguridad, transporte. Tres tours llegando al país con equipos propios que hay que integrar al equipo local sin fricción. Tres equipos de management internacional que esperan la misma calidad de respuesta que recibirían en Madrid, Ciudad de México o Bogotá.
Y todo esto, al mismo tiempo, sin que ninguno de los tres sienta que es el segundo plato.
Lo que el público no ve
El show que la audiencia ve es el 20% del trabajo. El 80% restante sucede en las semanas previas y en las 18 horas que rodean cada show: negociación de riders internacionales meses antes, con validación de capacidad técnica local; coordinación de arribos, hospedajes y ventanas de descanso que respetan los contratos; monitoreo de jet lag, alimentación y bienestar del talento — sí, eso también es parte del trabajo; integración de equipos técnicos extranjeros con proveedores locales sin choques de ego ni de método; y plan B, C y D para cada variable que puede fallar, porque en un festival, algo siempre falla.
Todo eso, multiplicado por tres, y comprimido en cinco días.
Los momentos que definen una producción
Hay momentos en un festival donde se define si un equipo es profesional o no. No son los momentos del escenario — son los que nadie ve.
El backline que llegó tarde y hay que reemplazar en cuatro horas. El rider vegetariano que se coló como vegano en el catering. El ingeniero de sonido que quiere probar el sistema una hora más de lo agendado, mientras el siguiente artista ya está en camino. La señal RF que no coordina con la del otro escenario. El vuelo que se retrasa y hay que rearmar el ensayo.
Cada uno de esos momentos resuelto sin fricción es un recordatorio de por qué la experiencia importa. No porque evita los problemas — los problemas son inevitables — sino porque los resuelve sin que el artista ni el público se enteren.
Lo que este caso demuestra
Para nosotros, FIA 2026 no es un evento más en el portafolio. Es la prueba operativa de una capacidad que pocas compañías en la región pueden ofrecer:
Gestionar producción internacional a escala, en simultáneo, con estándar de país grande, desde un país pequeño.
Esa capacidad no se compra. Se construye con años de relaciones con proveedores técnicos, con riders internacionales negociados una y otra vez, con crisis resueltas en tiempo real, con equipos que han trabajado juntos lo suficiente como para leerse sin palabras.
Costa Rica rara vez tiene la oportunidad de demostrar esta capacidad a esta escala. FIA 2026 fue una de esas oportunidades.
La tesis detrás del trabajo
En cada proyecto que hacemos — desde un show corporativo hasta un festival internacional — opera la misma idea: la calidad de lo que se ve en el escenario es proporcional a la invisibilidad de lo que pasa detrás.
Un festival bien producido es uno donde nadie habla de la producción.
Eso es lo que hicimos en FIA 2026. Y es lo que seguimos haciendo cada vez que aceptamos un proyecto de esta escala.



